En el pasado, los analizadores de batería eran
usados para restaurar baterías afectadas por efecto memoria
Con las baterías actuales, libres de Níquel, la memoria ya no representa un problema, y el énfasis puesto sobre los analizadores se ha volcado a la verificación de la performance de la batería, y el control de calidad.
El conocimiento convencional indica que una batería nueva funciona perfectamente.
Todavía muchos usuarios se encuentran con que una batería nueva no siempre se ajusta a las especificaciones del fabricante.
Con un analizador, todas las baterías que ingresan pueden ser chequeadas
como parte de un procedimiento de control de calidad.
La vida típica de una batería de Li-Ion es de 300 a 500 ciclos de carga/descarga o de dos años desde su fabricación. La pérdida de la capacidad de la batería ocurre gradualmente y a menudo sin el conocimiento del usuario.
A pesar de ser cargada completamente, la batería retrocede, eventualmente, a un punto en el que retiene menos de la mitad de su capacidad original. La función del analizador es identificar las baterías falladas y separarlas.
Un analizador de batería también puede ser usado
para encontrar la causa de cortas duraciones de la carga. El cargador
podría no proporcionar una carga completa o el dispositivo portátil
podría requerir más corriente
de la esperada.
Muchos de los analizadores de baterías actuales
pueden simular la forma de carga de los dispositivos digitales y
verificar el tiempo de rendimiento de la carga en base a la capacidad
de la batería.
Quizás la capacidad más importante de un analizador moderno de batería,
es la habilidad de leer resistencia
interna de la batería.
Como parte del envejecimiento natural, la resistencia interna de
un Li-Ion se incrementa gradualmente a causa de la oxidación de
la celda. Cuanto mayor la resistencia, menor es la energía que la
batería puede proporcionar.
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