Los autómatas programables o PLC aparecieron en los Estados Unidos de América en los años 1969 – 70, y más particularmente en el sector de la industria del automóvil.
Fueron empleados en Europa alrededor de dos años más tarde.
Su fecha de creación coincide, pues con el comienzo de la era del microprocesador y con la generación de la lógica cableada modular.
El autómata es la primera máquina con lenguaje,
es decir, un calculador lógico cuyo juego de instrucciones se orienta
hacia los sistemas de evolución secuencial.
Hay que apreciar que, cada vez más, la universalidad de las computadoras tiende a desaparecer, el futuro parece abrirse hacia esta nueva clase de dispositivos: máquina para proceso de señales, para la gestión de bases de datos...
El autómata programable es, pues en este sentido
un percusor y constituye para los automatistas un esbozo de la máquina
ideal.
La creciente difusión de aplicaciones de la electrónica, la fantástica
disminución del precio de los componentes, el nacimiento y el desarrollo
de los microprocesadores y, sobretodo, la miniaturización de los
circuitos de memoria permiten presagiar una introducción de los
autómatas programables, cuyo precio es atractivo
incluso para equipos de prestaciones modestas, en una inmensa gama
de nuevos campos de aplicación.
El autómata programable satisface las exigencias tanto de procesos continuos como discontinuos. Regula presiones, temperaturas, niveles y caudales así como todas las funciones asociadas de temporización, cadencia, conteo y lógica.
También incluye una tarjeta de comunicación adicional, el autómata se transforma en un poderoso satélite dentro de una red de control distribuida.
El autómata programable es un aparato electrónico
programable por un usuario programador y destinado a gobernar, dentro
de un entorno industrial, máquinas o procesos lógicos
secuenciales.
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